martes, 31 de octubre de 2017

lo real por sobre lo instagrameable.



bicicletas a las tres de la tarde
no es un flashback, es el ahora:
la primera tarde soleada que nos da esta primavera bipolar,
aturdida por un presente plagado de fascismo y descaro,
de fallas que son el sistema y no meros desbarajustes,
de muertos que viven en todas las paredes de la ciudad,
de letras que chorrean un caudaloso río de tinta homicida,
de empresarios que venden sus medios a empresarios más grandes,
de malas noticias, malas decisiones, mala predisposición,
de vigorosos fantasmas que vuelven desde el olvido,
de amigos que se hicieron policías y policías que se hacen los amigos
y nosotros pedaleando en hilera rumbo a la playa,
culebreando entre los cráteres como Neil Armstrong en la Luna,
esquivando charcos como el Chizzo de Mataderos,
tres beduinos beodos bamboleándose a lomo de un dromedario,
es que Berisso está lleno de bobos que sacan el cuatri los días de lluvia,
mi vecino procede según protocolo y prepara el suyo al primer petricor
y Ludmila se queja del barrio que parece comisaria:
"tenés vigilantes al lado, enfrente y en la esquina",
en parte es verdad pero en parte es mentira,
al otro lado de la medianera tengo a las pibas
y la foto de Santiago que pegaron de la ventana,
encendiendo la ira de la sacra mejilla cristiana,
despertando el murmullo colérico de ejemplares patriotas,
retorciendo la bífida lengua del vejestorio hipertenso,
"encima de tortilleras" llevan, "encima de tortilleras" traen,
no es un flashback pero casi-casi-casi que podría serlo
y el paso del tiempo acelera el vértigo de su engaño
como esa laguna donde fondean caras y nombres,
como ese verano que te duró diez años,
aporreando tambores, centrando rayos, redefiniendo leyes cinemáticas,
pergeñando la hibridación de un rodado grotescamente disparejo,
un moderno Prometeo del ciclismo ensamblado en Barrio Obrero
que hoy se abre paso con rechinante traqueteo y napoleónica determinación
bajo el vaivén de los sauces y el perfume de flores silvestres
que ornamentan el zigzagueo borracho que precede al río,
ineludible destino que enaltece y acabará devorando al berissense,
que predica su amor al terruño mientras inyecta basura en sus cuencas,
el río se alegra de verme, me abre sus brazos, el río es mi padre,
la orfandad se me apacigua frente a lo vivaz de su perspectiva
que nos da la bienvenida como si llevara meses de paciente espera,
llenado mis ojos de cielo y verdor, desbordándome de alivio,
coloreando de sol mi enfermiza palidez de fofo alienado,
ofreciéndonos tomar asiento en el roquedal, al amparo de los pinos,
y dejar los pesares navegar solos hacia el horizonte,
la última vez que vinimos, nos fuimos prometiendo volver la semana que viene,
siete días que se diluyeron en cuelgues y excusas durante añares
hasta que el tiempo devolvió frescura a los discos de mi adolescencia:
Ácido argentino, La era de la boludez, Nunca nos fuimos,
las ediciones brasileras de Epitaph a 18 con 99,
la sonrisa y el cencerro de Imperio Maldito,
los kilómetros y kilómetros de cinta magnetofónica que nos envolvieron
como a engendros momificados buscando a tientas un abrazo en el temporal,
desesperadas crisálidas aguardando el momento de desplegar sus alas,
a toda prisa hacia ningún lugar por el camino menos transitado,
frágiles y asustadizos, borregos balando plañideramente en la borrasca,
disfrazando el cariño de golpes, de patadas, de improperios,
una caricia a tiempo lo hubiese cambiado todo,
una palabra sincera que no tema al ridículo,
una mano abierta tendida hacia nosotros,
llamándonos a través del telón,
invitándonos a escapar
lejos del derrumbe interno y coyuntural,
sosteniéndonos de pie, afirmándonos mutuamente,
recordándonos que "el scout canta y sonríe aún en las dificultades"
(y sé mientras escribo esto que no faltara el que se ría de nosotros
pero es incapaz de orientarse más allá de los límites del wi-fi),
enlazándonos para siempre en el más sólido y significativo gesto,
entonando entre lágrimas la canción del adiós,
jamás perdí las esperanzas de volverte a ver,
jamás perdí las esperanzas porque hay tanto querer,
decime ¿cómo le explico a este mundo un amor tan genuino?
si allá fuera celebran fotografiarse junto a un camión de Gendarmería,
si están sonriendo, aplaudiendo, congratulándose junto a la Gendarmería,
si esto sí es un flashback pero también es el ahora,
si el botón de fast-forward está falseado y no tengo una BIC,
si a veces quiero convencerme de que esto ya lo vivimos pero no,
si esto no lo vivimos, si no estamos preparados, si no hay forma de saberlo,
si no hay pronostico, si no hay garantías, si no hay pilas,
si estamos cansados, si se hace tarde, si no hay estrellas,
si la garganta está seca, si no hay dónde ir, si la moneda no alcanza,
si este poema que te entrego se lo lleva el olvido,
si estas palabras que me costaron sangre se esfuman,
si este fuego que nos convoca muere pisoteado mañana,
si estas paredes se desmoronan antes que el enemigo,
si estamos llegando al final y no queda aliento,
si el derechazo nos derriba y fabrica un trono con nuestros huesos
entonces podemos afirmar que no hay certeza fuera de este momento
y que todo lo que atesoramos no pueden privatizarlo,
y que todo lo que compartimos no pueden viralizarlo:
el canto rebelde, la sonrisa espontánea, la lucha colectiva,
haciendo de cada minuto el primero y el último de nuestras vidas,
flashback, ahora y siempre.


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