lunes, 29 de enero de 2018

confesión.



esta rechoncha bestezuela que soy
tan perpetuamente hambrienta
tan perpetuamente enviciada
tan perpetuamente vacía
se confiesa:
la oportunidad me hizo ladrón
y el robo un monstruo feliz,
me aproveché de aquello
que el azar sirvió delante de mí
y lo arrebaté, harto ya de soñarlo.

fui presa del pánico hasta dar el primer paso,
fui un alma perdida después,
un falopero abrazado a un caballito blanco de madera
girando para siempre en una calesita de pesadilla,
fantaseando con un galope raudo hacia los horizontes
cuando no hacía más que encerrarme,
cuando no hacía más que hundirme,
en su espiralada prisión,
cambiar un vicio por otro
es lo más cerca que estuve de sentirme libre.

hubo un instante de duda al principio,
un pequeñísimo lapso de forcejeo
entre la vergüenza y la consideración,
un segundo contemplando el desvío,
una hora proyectando el fracaso,
una vida fabricando pretextos,
prevaleció el impulso
y entonces decidí que esa noche cambiaría mi destino:
manoteé un par de medias que habías dejado
hechas un bollo al lado de tus zapatillas
y me las metí en el bolsillo de la campera
rogándole a mi buena estrella
que no descubrieras su falta cuando volvieras
de la cocina trayendo la pava, el mate y unas galletitas.

mirá si te dabas cuenta apenas entrar en la pieza,
mirá si me decías: che, no viste un par de medias que dejé acá
mirá si te ponías a buscarlas debajo de la cama-en el ropero-en mis bolsillos,
mirá si te determinabas -re pesada- a encontrarlas o encontrarlas,
mirá si justo mirabas el bulto criminal que formaban donde las metí,
mirá si preguntabas - entre sorprendida y horrorizada- qué era eso,
mirá si tenía que mirarte a la cara y explicártelo,
mirá si "mirá, no sé cómo decirte esto pero...pero...pero..."
pero por suerte volviste y no te fijaste que faltaban,
tomaste asiento en la cama, cebaste uno y dijiste:
"guarda, que está caliente"
y todo fue risa y cháchara y confianza entre dos amigos.

mirá si yo iba a tener el coraje de robarte un beso
cuando podía robarte las medias,
meterme una entre los dientes,
la otra entre las piernas
y vivir una fantasía distinta cada día
durante cien días

y qué son cien días, quinientos o mil
en una espera que nunca termina.



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